Mostrando entradas con la etiqueta Juan Arolas (España). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Arolas (España). Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de agosto de 2016

Conducida en su galera - Juan Arolas



Conducida en su galera
prisionera
fui cruzando el mar azul;
mucho lloré; sordos fueron;
me vendieron
al sultán en Estambul.

Él me llamó hurí de aroma,
que Mahoma
destinaba a su vergel;
de Alá gloria y alegría,
luz del día

paloma constante y fiel.

Vi en un murallado suelo
cómo un cielo
de hermosuras de jazmín,
cubiertas de ricas sedas,
auras ledas
disfrutaban del jardín.

Unas padecían celos
y desvelos;
lograban otras favor;
quién por desdén gemía,
quién vivía
sin un goce del amor.

Mil esclavas me sirvieron
y pusieron
rico alfareme en mi sien;
pero yo siempre lloraba
y exclamaba
con voz triste en el harén:

“¿De que sirve mi belleza
la riqueza,
pompa, honor y majestad,
si en poder de adusto moro
gimo y lloro
mi perdida libertad?”



lunes, 4 de abril de 2016

Dios hombre - Juan Arolas



¡Tanto exigió el humano desvarío!
Niño llora en la cuna: el Dios del cielo
Que es víctima de amor!
¡Ved al eterno sol temblar de frío
Para ablandar el corazón de hielo
Del hombre pecador!

Ven, suspirando, ven, que, cuando lloras.
Y en tu vagido exhalas triste ruego,
Me pongo a contemplar
Que tú pintaste el cielo y las auroras,
Tú diste al serafín alas de fuego,
Tú lindes a la mar.

Tú al águila altaneras que retrata
Su sombra en el peñasco más erguido,
Las fuerzas y el ardor;
Tú el colibrí las plumas de oro y plata
Mientras ebrio de aroma se ha dormido
Colgado de una flor.

¡Yaces en desnudez y amarga pena,
Tú que a los mismos ángeles encantas,
Delicia de Israel!
¡Tú que has vestido el campo de azucena;
Tú que has puesto una alfombra a nuestras plantas
De rosa y de clavel!

¡Estrella de Jacob!... Tu luz bendita,
Que saluda la iglesia enamorada
Con arpas de Sión,
De la prole de Adán, prole proscrita,
Borró en la inicua frente señalada
Divina maldición.

Aquel ángel que al hombre inobediente
Y a la mujer bañada en largo lloro
Sacó del sacro Edén,
Envainada la espada refulgente,
Segunda vez abrió las puertas de oro
Que guardan todo bien.

Las aves desplegaron voces puras
Cantando un himno de alabanza al cielo
Con grata suavidad:
Demos a Dios la gloría en las alturas,
Y la paz a los hombres en el suelo
De buena voluntad

Los árboles vistieron frescas flores,
Y enfrenado con hórridas cadenas,
Rasgado el pecho infiel,
Bajó del orco impuro a los horrores,
Para sufrir el colmo de las penas
El pérfido Luzbel.

Desde el principio existe tu hermosura.
Siempre inmutable, eterna y escogida;
Hoy has venido a nos
Nacido de una Virgen bella y pura,
Verdad, amor y vida de la vida,
Luz de Luz, Dios de Dios.


Otros blogs que te pueden interesar.


Image and video hosting by TinyPic

viernes, 30 de octubre de 2015

Trovadores provenzales - Juan Arolas



Plácenme historias pasadas
De andante caballería
Y en ser las noches llegadas
Olvidar penas del día
Con los cuentos de las hadas

Y luego en lecho de flores,
Si las hadas me dejaron,
Ir soñando los amores
Que tuvieron y cantaron
Los antiguos trovadores.

Ver a Arnaldo y su querida
Siempre a sus finezas dura
Mientras él nunca la olvida,
Mientras canta su ternura
Con su letra muy sentida:

Y a Rambaldo generoso
Que manifiesta a su dama,
Por tímido y receloso,
Lo violento de su llama
Con un ardid ingenioso.

Ver las gracias y embeleso
De la esposa de Imberal
Y aquel amoroso exceso
De aquel Pedro de Vidal
Que dormida le dio un beso;

Que luego fue desterrado,
Mas por ser su suerte rara,
De la hermosa perdonado
Vino a recibir de grado
Lo que a fuerza se tomara.

¡Cómo es triste de escuchar
Aquella canción de amor
Que muerte vino a causar
Poco después de cantar
A su mismo trovador!

«Aquel dulce pensamiento
»Que de vos amor me envía
»Díctame cada momento
»Versos que me dan contento,
»Señora del alma mía.»

¡Ah, Guillermo... tu canción
No la oyera, por los cielos,
Con bárbara indignación
Y ardiendo en rabiosos celos
Raimundo de Rosellón,

Que el corazón te arrancó
Con el pérfido puñal
Y en un festín lo alargó
Sobre un plato de metal
A su esposa que te amó.

Que ella y tú fueseis yuntados
Bajo losas funerarias
Quisieron después los hados
Y que los enamorados
Os dijesen sus plegarias.

¡Cuán bellos mis sueños son...!
¡Con cuán mágicas pinturas
Me presenta la ilusión
Tus amores y aventuras,
Guillermo de Balaón...!

Que con extraño placer
Aparentabas reñir
Y a tu dama aborrecer
Por el gusto de volver
Las voluntades a unir.

Mas no anduviste advertido
cual fue razón anduvieras
Por no verte aborrecido,
Cuando tu desdén fingido
Te valió un desdén de veras.

Y para darte el perdón
Mandó tu cruel señora
Que una uña de raigón
Te arrancases en mal hora
Del dedo del corazón.

También es bello soñar
Al que sin ver a su dama,
Llegándose a enamorar
Por las nuevas de la fama,
Quiso verla y surcó el mar.

Y en traje de peregrino
Tan dulce cántico hacía,
Que en medio la mar bravía
Lamentando su destino
Los delfines atraía.

«Amor de tierra lejana,
»Por ti mi carne mezquina
»Toda está enferma y se afana
»Sin encontrar medicina
»Que la pueda poner sana.»

Lejos de nativa playa
La muerte fuiste a buscar,
Mísero Rudel de Blaya,
Tan delicado en amar,
Tan docto en la ciencia gaya.

Muy hermoso es recordar
A don Pedro de Aragón,
A Failit de Belostar
y Hugo, que por afición
Fue trovador y juglar;

Y aquellas dulces tensones
Llenas de amorosas sales,
Serventesios y canciones
Y aquellos juegos florales
Con premios y distinciones.

Las damas que presidían
Las cuestiones ingeniosas
Que a los vates proponían
Y las letras y las glosas
Que cantaban y leían...

Plácenme historias pasadas
De andante caballería
Y en ser las noches llegadas
Olvidar penas del día
Con los cuentos de las hadas

Y luego en lecho de flores,
Si las hadas me dejaron,
Ir soñando los amores
Que tuvieron y cantaron
Los antiguos trovadores.

Otros blogs que te pueden interesar.


Image and video hosting by TinyPic

jueves, 20 de agosto de 2015

Apartado de ti surco los mares - Juan Arolas



Apartado de ti surco los mares,
¡oh cándida mujer!
Triste víctima he sido en tus altares,
¿y mía no has de ser?
¡Qué terrible en sus tétricos horrores
se muestra el mar, mi bien!
Pues yo temo más que sus rigores,
tu enfado o tu desdén.
El bramido de recios vendavales
no me intimida a mí;
no temo todo el peso de los males;
tu olvido, hermosa, sí.
Tú, sobre leves plumas reclinada
no sientes aflicción;
sostiene mi cabeza acalorada
la dura tablazón.
Si de volverte a ver tengo el consuelo,
te juro, por mi fe,
que tú serás mis glorias y mi cielo,
y al mar no volveré.
Si Dios me da que pueda coronarte
la sien de albo jazmín,
y un ósculo tomar al despertarte
del labio de carmín;
que en cambio de una lágrima muy pura
me des tus alegrías,
y cubras con un velo de ventura
mis noches y mis días,
jamás será que fíe en la bonanza
del mar y sus arenas,
ni cuelgue el sutil lienzo de esperanza
de débiles antenas.


Otros blogs que te pueden interesar.


Image and video hosting by TinyPic

jueves, 23 de julio de 2015

A una bella - Juan Arolas



Sobre pupila azul, con sueño leve
tu párpado cayendo, amortecido,
se parece a la pura y blanca nieve
que sobre las violetas reposó.
Yo el sueño del placer nunca he dormido:
sé más feliz que yo.

Se asemeja tu voz, en la plegaria,
al canto del zorzal de indiano suelo,
que sobre la pagoda solitaria
los himnos de la tarde suspiró.
Yo sólo esta oración dirijo al cielo:
«Sé más feliz que yo».

Es tu aliento la esencia más fragante
de los lirios del Amo caudaloso,
que brotan sobre un junco vacilante
cuando el céfiro blando los meció.
Yo no gozo su aroma delicioso:
sé más feliz que yo.

El amor, que es espíritu de fuego
que de callada noche se aconseja
y se nutre con lágrimas y ruego,
en tus purpúreos labios se escondió.
Él te guarde placer ya mí la queja:
sé más feliz que yo.

Bella es tu juventud en sus albores,
como un campo de rosas del Oriente;
al ángel del recuerdo pedí flores
para adornar tu sien, y me las dio.
Yo decía al ponerlas en tu frente:
«Sé más feliz que yo".

Tu mirada vivaz es de paloma:
como la adormidera del desierto,
causa dulce embriaguez, hurí de aroma
que el cielo de topacio abandonó.
Mi suerte es dura, mi destino incierto:
sé más feliz que yo.


Otros blogs que te pueden interesar.


Image and video hosting by TinyPic